Se hizo un silencio incómodo en el salón. Camila se levantó furiosa, con las mejillas encendidas, y vino hasta nosotros. Empezó a hablar en voz baja, pero apretada, diciendo que estaba haciendo un papelón, que sus padres nunca la iban a perdonar, que qué iban a pensar los invitados. Andrés la escuchó sin interrumpirla. Cuando ella terminó, él respondió con una calma que me sorprendió.