Cada noche, mientras millones de personas duermen en América, cientos de aviones despegan rumbo a Europa atravesando uno de los océanos más grandes y transitados del planeta completamente a oscuras. Y aunque para muchos pasajeros parecería más lógico viajar de día para disfrutar el paisaje, descansar mejor o simplemente sentirse más seguros, las aerolíneas tienen otras prioridades. Y esas prioridades mueven miles de millones de dólares al año.
La verdadera razón por la que tantos vuelos transatlánticos salen de noche no tiene que ver con el miedo al océano, ni con peligros ocultos en el cielo. Todo gira alrededor de la eficiencia, el dinero, los horarios internacionales y la forma en que las compañías aéreas convierten cada minuto de vuelo en ganancias.