La plaza principal empezó a llenarse de personas.
Unas buscaban refugio.
Otras buscaban respuestas.
Los niños preguntaban por qué el cielo estaba tan oscuro si todavía era temprano.
Nadie sabía qué responder.
En una pequeña cafetería, las noticias hablaban de una tormenta que avanzaba sobre el océano.
No mencionaban tragedias.
Solo recomendaban permanecer en lugares seguros.
Pero los rumores comenzaron a crecer mucho más rápido que el propio viento.
Un hombre aseguró haber visto enormes olas acercándose.
Otra mujer decía que los animales estaban actuando de forma extraña desde la madrugada.
Los perros no dejaban de ladrar.
Las aves volaban tierra adentro.
Incluso los caballos permanecían completamente inmóviles.
Valeria decidió caminar hasta la playa.
Quería comprobar con sus propios ojos lo que todos comentaban.
Al llegar, encontró algo que nunca olvidaría.
El mar estaba inquieto.
No era un oleaje común.