No tenía riquezas.
Pero todos la conocían por ayudar a quien lo necesitara.
Aquella mañana recibió una llamada inesperada.
Era su madre.
Hija… dicen que la tormenta será diferente.
Valeria sonrió intentando tranquilizarla.
Mamá, cada año dicen lo mismo.
Pero al mirar nuevamente el cielo, una sensación extraña recorrió todo su cuerpo.
No era miedo.
Era como si el silencio del viento quisiera advertir algo.
Mientras tanto, el anciano párroco del pueblo caminaba lentamente hacia la iglesia.
Las campanas comenzaron a sonar sin que nadie las tocara.
Los vecinos se miraron sorprendidos.
Algunos aseguraban que era el viento.
Otros simplemente guardaron silencio.