Agua muy fría: el cuerpo puede contraer los vasos sanguíneos (vasoconstricción) y aumentar la presión arterial.
El agua muy caliente puede dilatar los vasos sanguíneos (vasodilatación), disminuir la presión arterial y provocar mareos o desmayos, especialmente al ponerse de pie.
Qué hacer en su lugar:Procure que el agua esté tibia y a una temperatura agradable, evitando los extremos.
Ajuste la temperatura antes de entrar.Ingresa gradualmente, sin cambios bruscos en tu cuerpo.
Hábito 2: Mojarse primero la cabeza y el pecho.
Muchas personas, por costumbre, se mojan la cabeza o el pecho en cuanto abren el grifo. En algunos adultos mayores, esto puede desencadenar una respuesta repentina del sistema nervioso (debido a la gran sensibilidad de los sensores de temperatura en las zonas cercanas al torso), con cambios bruscos en la presión arterial o mareos.Qué hacer en su lugar: la orden más segura
Comience trabajando desde la zona más alejada de su corazón hacia el centro, gradualmente:Pies y tobillos
Pantorrillas y rodillasManos y antebrazos
Hombros y pechoÚltimo puesto
Mareos intensos o visión borrosa
Debilidad repentina
Dolor en el pecho, dificultad para respirar, palpitaciones.
Confusión o dificultad para hablar
Deja de ducharte, siéntate y pide ayuda. Si los síntomas son graves o nuevos, busca atención médica urgente.
Consejos y recomendaciones finales:
Mantén el agua caliente y a una temperatura constante, sin extremos.
Humedece tu cuerpo de abajo hacia arriba.
Evite tomar duchas calientes justo después de comer.
Haga que el entorno del baño sea más seguro y reduzca el riesgo de caídas: utilice alfombrillas antideslizantes y barras de apoyo si es necesario.
Evite cerrar las puertas con llave; priorice una salida de emergencia fácil.
Si padece hipertensión, arritmias, diabetes, antecedentes de ictus o infarto, o toma medicamentos para bajar la presión arterial, consulte a su médico: su caso puede requerir recomendaciones específicas.
Ducharse no tiene por qué ser arriesgado. Sin embargo, a partir de cierta edad, el cuerpo ya no tolera los cambios bruscos de temperatura, el vapor ni el esfuerzo excesivo. Ajustar la temperatura del agua, ducharse en orden, respetar el tiempo entre duchas después de las comidas, mantener el baño a una temperatura agradable y no bloquear la puerta son hábitos sencillos que pueden marcar una gran diferencia.