Dos palabras escritas en una cuenta de restaurante cambiaron para siempre el rumbo de mi primera cita
Habían pasado muchos meses desde la última vez que acepté salir con alguien. Después de varias experiencias decepcionantes, había decidido concentrarme en mi trabajo, mis amistades y mi propia tranquilidad. Sin embargo, cuando apareció la oportunidad de conocer a una persona que parecía amable, respetuosa y con intereses similares a los míos, sentí que quizá era momento de volver a intentarlo.
Todo comenzó con una conversación sencilla que poco a poco fue despertando mi curiosidad. Durante varios días intercambiamos mensajes y llamadas. Su manera de expresarse transmitía confianza, educación y una aparente sinceridad que hacía tiempo no encontraba. Cuando propuso cenar en un restaurante elegante del centro de la ciudad, acepté con entusiasmo.