¡Ahora mis panqueques son simplemente perfectos: delgados, esponjosos e increíblemente deliciosos!

El secreto de su textura aterciopelada reside en añadir almidón a la masa.

Esto hace que los panqueques sean elásticos, tiernos y fáciles de envolver con cualquier relleno.

Tienen un aspecto apetitoso: dorados, suaves por dentro y con una corteza ligeramente crujiente en los bordes.

Quedan deliciosos tanto con rellenos dulces (mermelada, miel o leche condensada) como con rellenos más sustanciosos (queso, champiñones o carne).

Además, estos panqueques se mantienen frescos y tiernos durante mucho tiempo.

Ingredientes:

Leche – 2 tazas;
Aceite vegetal – 4 cucharadas;
Azúcar – 4 cucharadas;
Almidón – 2 cucharadas;
Harina – 2 tazas;
Agua hirviendo – 1 taza;
Huevos – 4 piezas;
Sal – una pizca;
Azúcar de vainilla – al gusto.
Preparación:

Batir los huevos con el azúcar, el azúcar de vainilla y una pizca de sal.
Añadir la leche y el aceite vegetal, sin dejar de batir. Vierta poco a poco la harina tamizada mezclada con el almidón para que no queden grumos.
Añada agua hirviendo y vuelva a mezclar bien con una batidora.
Caliente una sartén y engrásela ligeramente con aceite.
Fría los panqueques a fuego medio hasta que estén ligeramente dorados por ambos lados.
Los panqueques están listos: sírvalos inmediatamente o envuélvalos con su relleno favorito.
¡Disfrute!

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